Julio Verne en este libro no imagina aventuras fantásticas, describe hechos históricos no muy lejanos en el tiempo. Personifica la ambición y el poder a través de sus personajes, hombres crueles y sin escrúpulos como el pirata Sacratif y el banquero Elizundo que se dedicaban al comercio de esclavos en la Guerra de la independencia griega (1821-1830). Y como contrapartida a la maldad rebelándose contra ellos la valentía y la determinación de madres e hijas como Laskarina Bubulina, Andrónika Starkos y Hazjine Elizundo que les hicieron frente.

El capítulo primero Un buque en alta mar es una gozada leerlo va describiendo minuciosamente como avanza ciñendo al viento un pequeño velero levantino hacia la costa de la Península del Peloponeso. 

El libro ya al abrirlo te salpica de agua Jónica, te hace imaginar cabos, golfos, estrechos complicados, vientos que confluyen, veleros de la época, Pingües, Jabeques, Polacras, Faluchos, Sacovelas, piratas de tierra, luces en la oscuridad, naufragios… recuerda a  Galicia y a las leyendas de la Costa Da morte

Empieza describiendo a los piratas de tierra…a los clérigos…confieso que yo también pensé esta similitud de profesiones cuando los vi, es algo que llama la atención cuando pisas Grecia por primera vez. Hombres generalmente jóvenes que destacan fácilmente del resto porque van vestidos con sotanas enlutadas  bajo un sol abrasador, transpirando polvo y calor. ¡ Por Dios ! no entiendo porque son negras ¡ Qué calor pasas al verlos!. Contrastan con las preciosas capillas blancas y azules que regentan en todas partes de Grecia, desde las zonas más altas hasta los más pequeños islotes y que son propiedad de la iglesia Ortodoxa.

Así los describe Julio verne en 1884, cincuenta y cuatro años después del fín de la guerra de la independencia.

…Y si por los menos esos basilios hubieran sido tan solo ignorantes! pero en ciertas partes de Grecia, sobre todo en las regiones salvajes de la Maina, aquellos pobres hombres-reclutados, dicho sea de paso, entre las clases más bajas, mendigos por naturaleza y por necesidad, que vivían pordioseando los dracmas que lanzaban de vez en cuando los viajeros caritativos, sin otra preocupación que la de dar a besar a los fieles la imagen apócrifa de algún santo o la de mantener encendida la lámpara ante la hornacina de alguna santa y desesperados por el poco rendimiento que obtenían de los diezmos, las confesiones y los bautizos, no manifestaban ningún escrúpulo a la hora de hacer de vigías!-y menudos vigías!-por cuenta de los habitantes del litoral…                  Julio Verne