Buscando libros de viajes sobre Grecia  encontré El coloso de Marusi de Henry Miller fue una grata sorpresa porque desconocía que el autor de Trópico de Capricornio y Trópico de Cáncer escribiera un libro de Viaje a Grecia.

Leí Trópico de Capricornio en mi adolescencia. En aquella época que no existía internet las clases de literatura en el colegio eran la fuente de información y este escritor americano semi maldito no aparecía en los libros de texto. Me enteré de su existencia como muchas otras cosas por el erudito más progre y viajado de la pandilla. Los sábados por la tarde cuando salíamos a dar una vuelta por la zona vieja, mientras tomábamos  aquellos vinos horribles nos ilustraba a los más pequeños y pimpines ávidos de conocimiento. Esperé toda la semana hasta el sábado siguiente por la tarde para ir a comprar el libro.

Con el dinero justo entré en la librería y allí pasé un buen rato dando vueltas por las estanterías y las mesas repletas con las últimas novedades. Toqueteando y hojeando libros, hablando con unos y con otros se pasaba la tarde. En aquellos tiempos siempre encontrabas a alguien conocido comprando libros o música. Las librerías más importantes de Vigo eran Librouro la más moderna en aquella época, que por cierto milagrosamente sobrevive y pertenece a la misma familia fundadora y, la librería Cervantes más clásica que ya echó la reja hace años.

Cuando me decidí  y…¡por fín! compré , el librero que desde que había entrado por la puerta me observaba, analizaba y clasificaba como a un libro más de su librería. Con una sola ojeada ya sabía si pertenecía al grupo de los compradores o al de los mareantes. Con un movimiento imperceptible de su cabeza dejó caer sus gafas de cerca  me miró profundamente y me sonrió. Cogió el libro de mis manos y cuidadosamente lo envolvió con papel y celo, con aquella forma minuciosa tan antigua de envolver con papel. Bajé triunfante aquellas escaleras de caracol tan modernas, ya en la calle fui a tomar un chocolate con churros a Bonilla a la vista y a echarle una primera ojeada. Al llegar a casa, si realmentes acertabas en la elección y te gustaba el libro no parabas hasta terminarlo. Ya estabas preparada para hablar con el erudito de tú a tú el sábado siguiente.

Al Coloso de Marusi después de buscarlo por distintas librerías y no encontrar ninguna reedición, lo encontré por internet en un portal de libros de segunda mano. Me costó caro para ser un libro usado y un poco manoseado, además en una edición de bolsillo de 1969 de la Biblioteca breve (editorial Seix Barral) pero andaba detrás de él y quería leerlo antes de volver de nuevo a Grecia, así que no me importó pagar lo que me pedían. Cuando me lo entregó el repartidor, abrí el paquete y me acordé de aquellas tardes bibliófilas de mis sábados adolescentes. El libro además lleva la firma de su antiguo propietario un tal Millas con la fecha de compra marzo de 1978, hace 42 años. Exactamente en la época en que yo andaba de librerías.

Lo forré porque me daba un poco de asquito, con un folio que resalta al abrirlo sus hojas de papel amarillentas. Envejecidas por la pátina del tiempo pero tan vivas y con tanto sentimiento como cuando las escribió su autor.

Así de la mano de Henry Miller viajé a la Grecia de 1941. Había estado en la Grecia peninsular un mes antes de su lectura y en unos días volvía de nuevo. Puedo asegurar que lo que él describe lo sentí yo también de alguna manera. Esa es la grandeza de la lectura, reflejarte en las palabras del escritor.

En el libro va describiendo a muchísimos personajes que conoce a lo largo de su viaje de un año por El Egeo. Desde su amigo Lawrence Durell al que visita en la Isla de Corfú hasta George Katsimbalis, el coloso de Marussi. Es un libro autobiográfico lleno de reflexiones espirituales y medioambientales. Aunque han pasado setenta y cinco años desde que lo escribió, como toda obra literaria de calidad es totalmente atemporal.

Aquí van alguna de sus reflexiones.

Me gustan los hombres que llevan el tiempo en la sangre.

En Grecia las rocas son elocuentes. Periklis Ghiannopulos, poeta griego que habla de las rocas.

Curarse en Epidauro. Oigo latir el corazón del mundo en Epidauro.

El enemigo no es la enfermedad: la enfermedad no es más que un subproducto. El enemigo del hombre no son los microbios: Es el hombre mismo, el orgullo, los prejuicios, la estupidez, la arrogancia. Es necesario que todos nos rebelemos contra una forma de vivir que no es la nuestra.

La naturaleza restaura y repara, eso es todo. Y la tarea del hombre es extirpar el instinto homicida, infinito en sus ramificaciones. La naturaleza puede únicamente curar cuando el hombre ha sabido reconocer el lugar que ocupa en el mundo, lugar que no está en la naturaleza, como el caso del animal sino en el reino humano, eslabón que une a la naturaleza con lo divino.

La derrota del vecino no da la paz, como la curación del cáncer no trae la salud. La vida para el hombre no comienza con la victoria sobre el enemigo, como tampoco una serie de curas es el comienzo de la salud.        Henry Miller